Ayer pude escuchar en un seminario a dos emprededores Guillermo Casarotti, de los tés Inti Zen, y a Alec Oxenford (ex deremate.com; OLX;
http://www.alecoxenford.com/). Me quedé pensando bastante en lo que discurrieron ambos. Oxenford dijo en un momento que la gente necesita expresarse, que con Internet (y con los blogs) hay una herramienta para decir cosas. Coincido. Pero lamentablemente, a nadie le importa qué dice él, yo o aquellos.
Veamos, las figuras importantes del siglo pasado fueron héroes de guerra, ilustres (y no tanto) pensadores, sicópatas, fotógrafos, médicos, algunos sacerdotes, asesinos, físicos, etc. Hoy hay figuras, aunque no de la talla de los otros. Tenemos el ejemplo de personajes nefastos como Bush, y Chavez. Estrellas de cine en degradé como Brad Pitt. Conservamos los nombres de algún que otro literato latinoamericano (García Márquez, Bolaños) o norteamericano (Auster), hacemos fuerza para recordar un nobel (...), caen rápido del cielo los Gates, Jobs, y otros que la pegaron. Aparecen también nombres de futbolistas reconocidos, y atletas de fama reciente (Isinbáyeva), y nos comentan que la Dama de Hierro sufre problemas de salud.
Tienden, entonces, a desaparecer los hombres y mujeres que marcan décadas de la historia. Dejan de ser necesarios para una sociedad global online. Tienen más relevancia los acontecimientos efímeros (pero grandilocuentes a su vez) como el aumento del precio del petróleo, la salida del nuevo Iphone, una masacre en Asia, o el estreno de tal película en Cannes. El poder está en la exclusividad de lo acontecido, ya que es inalcanzable y deseoso para los ciudadanos conectados. Hay más búsqueda de lo inmediato, que por lo que requiere un proceso de paciencia y aprendizaje diferentes.
La lucha de egos es increíble: cada uno piensa que puede ser escuchado, leído, y conocido. Incluso quien les habla.
Saludos
Guillermo